Mi nombre es Christian James Peake Mestre. Nací en Madrid en 1982, de padre chileno y madre española, y nos movimos mucho: me crie en Valencia hasta la adolescencia, todo el periodo universitario (grado) fue en Palma de Mallorca, y el Posgrado en Tenerife. Me doctoré en 2015, en Psicología Cognitiva, en la Universidad de la Laguna. En 2016 me fui a vivir a Concepción, Chile, para ocupar mi primera posición de profesor e investigador universitario. En el 2020 me mudé a Santiago, donde vivo actualmente, ejerciendo esta posición en la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales (+ aquí). A lo largo de mi vida, además de en España y Chile, he vivido por periodos cortos en otros países, generalmente con fines formativos o con objetivos de colaboraciones de investigación: Nijmegen, Holanda; Dublín, Irlanda; La Valetta, Malta; Padua, Italia; La Habana, Cuba; Ottawa y London, en Ontario, Canadá.
Pero esa no es toda la historia. Mucho antes de todo eso, en la adolescencia, jugando a rol, empecé a esbozar mis primeros «mundos primitivos»; la fantasía épica me atrapó entonces y ya nunca me soltó. Firmé mis primeros relatos bajo el pseudónimo Darka Treake, hasta que en 2012 decidí escribir con mi propio nombre. Cada uno de esos lugares por los que pasé —Tenerife, Holanda, Malta, y en viajes como el de Escocia en 2008— dejó también una historia: de ahí nacieron relatos como Kelpie, la Dama del Amanecer o El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago.
Aunque bebo de muchos autores y tradiciones, hay tres referentes que reconozco con especial claridad. El primero es la fantasía tolkiniana: mi mundo nace, en el fondo, de una pregunta simple, «¿y si nuestro mundo real hubiera tenido…?», y ahí entra de lleno la herencia de El Señor de los Anillos, con sus distinciones raciales entre elfos, enanos y hombres, y el paso de las Edades que ordena toda la historia. El segundo es el universo bélico de Warhammer, que me ha dado tantas horas felices, y del que tomo esa variedad casi inagotable de criaturas, naciones y cimientos de leyendas y tradiciones propias. El tercero, el más importante de los tres, es nuestro propio mundo real, del que Mawol termina siendo, en el fondo, un espejo deformado. Recurro deliberadamente a arquetipos ya asentados en el género —elfos, enanos, edades— porque evocan en el lector algo reconocible y clásico, y eso me deja la energía libre para construir argumentos e historias originales, en vez de tener que recrear o justificar desde cero ideas que la fantasía ya tiene bien ganadas.
Con el tiempo, esos relatos sueltos se fueron uniendo en un único universo: Mawol, un mundo de fantasía épica que llevo construyendo desde hace más de veinticinco años, con su propia geografía, cronología, panteón y sistema de magia. Ese trabajo de fondo está documentado en Mundo Literario y en mi Manual de Worldbuilding, publicado en papel y digital por Scribere Servicios Editoriales (2016).
En Mawol conviven relatos autoconclusivos, como La Sirada o Historia de una estatua de piedra, con proyectos de mayor aliento, como El Tratado de Yandalath o El Libro de las Bestias. Mis historias comenzaron siendo relato, que pronto me pidieron más espacio mental y más esfuerzo, llegando a ser novelas amplias e interconectadas entre ellas por convivir en un mundo universo literario. Mis historias tienen mucho de mi, de mi vida real, de mis alegrías y frustraciones y, sin duda, presencia de personas reales del mundo real, representadas con sus propios personajes.
Debo admitir que la inteligencia artificial me entusiasma, y la uso a diario en mi trabajo con Mawol. Pero jamás para escribir o para crear ideas nuevas: eso sigue siendo enteramente mío, sin excepción. Donde sí le doy espacio es en compilar, estructurar, ordenar y comunicar —en dar forma a pensamientos que ya tengo, no en generarlos—. Me ayuda a construir el mundo de manera ordenada: cronologías, genealogías, documentación, coherencia interna. Pero no la dejo participar en la redacción pura de mis obras. Si lo hiciera, ¿para qué sentarme a escribir?
Ahora mismo trabajo en Incertidumbre, una historia de viajes en el tiempo que atraviesa las cuatro Edades de mi mundo. Si quieres saber en qué ando, visita mi blog o revisa mi trabajo actual. Pero además, estoy inmerso en una compilación del mundo literario y en la construcción de la comunidad que acompaña mi trabajo, para tener canales de intercambio con lectores y creadores de mundos.
Septiembre de 2026, Santiago, Chile





